El espectacular salto de Beamon duró 23 años. Ya que Carl Lewis, el saltador más dotado de la historia del atletismo, estuvo cerca de romper el récord en más de una oportunidad. Se acercó varias veces, pero siempre se le resistió.
Tuvo que aparecer en 1991 Mike Powell, en un pista muy rapidísima como la de Tokio, para batir el mítico registro saltando 8.95. Eso sí, por Juegos Olímpicos el récord del atleta americano aún no fue superado.
Sin duda que la altitud de la capital mexicana (2.240 m) y por otro, el viento favorable, en el límite de lo permitido, de 2 m/s, fueron los detalles fundamentales para que Beamon consiga la presea dorada. Tuvo suerte, pero de campeón.
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“En un principio pensé que había saltado 8,50 metros, pero cuando me di la vuelta mi compañero me dijo que el salto fue increíble”, precisó Beamon.
